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Imagen promocional de la adaptación cinematográfica de Tim Burton de “Alicia en el país de las maravillas”. Consultar en: https://www.ultimahora.es/noticias/cultura/2015/03/18/147205/alicia-pais-maravillas-cumple-150-anos.html |
Escrito por: Azalea Marrufo
Sin duda es muy estimulante comer en compañía, la comida, acompañada de otras y otros, sabe mejor, más aún si se comparten los platillos: un trozo de algo del plato de ahí, una cucharada de por aquí o una mordida de por allá, es como saborear el gusto del otro y dejar que prueben el de uno.
Pero el encanto de comer con otros y otras no termina ahí, es un buen pretexto para hablar, de qué, de todo; lo mismo se puede hablar del último chisme familiar, de las próximas elecciones, de un recuerdo de infancia, de un amor, de un desamor , de las películas nominadas al Oscar o por supuesto de la propia comida, de lo aromático del café, de la picosa salsa, del término de la carne, del crocante pan.
Es prácticamente inevitable hablar mientras se come, es como la sal, la pimienta, el aderezo de los platillos; tanto así, que cuando la comida se ha terminado, la charla se convierte en el platillo principal y justo ahí, en ese punto de inflexión que supone el fin de la comida, las palabras ya han tendido una muy confortable telaraña que impide a todo mundo levantarse ofrendándose gozosamente a las fauces de la sobremesa; es ahí, en la sobremesa donde sucede la magia, donde una idea puede volverse tesis, una locura se trasmuta en novela, un secreto devela afinidades, empatías, un sueño construyen pasajes de la historia.
Para muestra un botón, o debería decir un bocadillo
La Ciudad de México cuenta con uno de los lugares más emblemáticos para tomar café y comerse unos buenos chilaquiles: El Café la Habana, fundado en 1952. Se preguntarán y qué lo hace tan emblemático, acaso su café y sus chilaquiles son los mejores de la Ciudad; la respuesta es no, son muy buenos, recomendables, pero no son el motivo. Lo que hace emblemático a ese lugar es su sobremesa. Se sabe que ahí, en múltiples ocasiones se reunieron Ernesto Che Guevara y Fidel Castro para planear lo que más tarde se conoció como el asalto al Cuartel Moncada, acontecimiento que marcó el inicio de la Revolución Cubana, un episodio que sin duda cambio para siempre la historia de Cuba, de Latinoamérica y de la política y economía mundial, ¡vaya que esa sobremesa pegó con tubo! como decimos en México para expresar que algo tuvo gran impacto.
Y qué decir de algunas ideas filosóficas de Platón que se gestaron imaginando un diálogo entre comensales en un Banquete o la mismísima última cena contada en los evangelios de la fe cristiana, en la de Jesús sabiendo que lo iban a crucificar, en el contexto de una cena, habla por última vez con sus apóstoles pidiéndoles que tiren paro, que no olviden sus enseñanzas de amor, que lo recuerden cuando coman y beban del pan y del vino, debió haber sido muy emotiva aquella cena.
Hasta creo que los cadáveres exquisitos de los surrealistas surgieron durante las sobremesas de sus comilonas.
El fast food y el celular: amenazas letales del diálogo sobremesasino
La vertiginosa realidad que nos lleva corriendo a no sé dónde ni con qué propósito; que nos mantiene absortos en nuestros teléfonos celulares, ajenas y ajenos del prójimo, de lo presente, lo real, lo tangible, que nos hace comer en soledad, anonimato, aunque estemos juntos y en “uno, no, menos, en cinco minutos”[1] (chiste local, vaya al pie de página si quiere reírse) cualquier cosa que tenga como único requisito saciar el hambre, el vacío; ésta es la práctica que ha sustituido una comida bien de cuatro tiempos con su entrada, plato fuerte, postre y sobremesa. Si acaso se hace alguna pausa luego de comer, tan solo es para escribir algún comentario en redes, responder un mensaje, tomarse una selfi con filtros o poner un like. La imagen es como sigue: una persona sentada, encorvada, sosteniendo con una mano el celular que manipula con el pulgar, mientras con la otra mano, sin despegar la mirada del celular, coge algún comestible del reino del fast food -botanas, papas, bocadillo, etc.- y se lo lleva a la boca, sin mirarlo, sin olerlo, sin saborearlo, lo traga, sin digerirlo, sin bien cagarlo.
Como se observa, en este líquido acontecer de la vida humana, la sobremesa, se ha diluido, ha devenido en olvido, se ha convertido en un evento extraordinario, innecesario, incómodo para el que no hay tiempo y en el que ya no se sabe qué hacer o qué decir, de modo que la sobremesa es un acontecimiento en alto peligro de extinción, que no cuenta con ninguna ONG que la represente; ninguna Greta Thunberg que irrumpa en algún establecimiento de fast food para manifestarse contra su extinción, ningún cronista que dé cuenta de su historia, ningún museo que preserve su legado, ninguna paradigma de enseñanza-aprendizaje que ponga de relieve sus cualidades pedagógicas, ninguna teoría psicológica que hable de sus profundos y benéficos efectos terapéuticos, ninguna hipótesis política que haga conjeturas en torno a la sobremesa como un dispositivo incubador de ideas y métodos de cambio y transformación social…
Es probable que este pensamiento en voz alta, tampoco haga mucho por la sobremesa, pero si en el pasar de los días, se te atraviesa una comida, una cena con alguien; intenta ejercitar un poco la sobremesa, con suerte podrás descubrir que ese lugar informal, cotidiano, sin tiempo, sin reglas de uso, es un lugar confortable, agradable, lleno de posibilidades, es un buen lugar que merece la pena sobrevivir.
[1] Cuando el expresidente mexicano Peña Nieto tuvo uno de sus tantos lapsus, de pena ajena, mientras viaja en el avión presidencial y se le preguntó cuánto faltaba para aterrizar en Oaxaca. Consultar en: https://aristeguinoticias.com/2209/kiosko/cuando-5-es-menor-que-1-segun-pena-video/

