martes, 28 de abril de 2026

PRÁCTICAS DE CRIANZA. La saga. Premio y castigo.

 

Escrito por Enrique Arrúa

28 de abril de 2026

Esta colaboración está motivada por los comentarios de una lectora en mi publicación Prácticas de crianza, La Saga I Puntos de partida. Con su autorización, establezco el siguiente diálogo con ella y con su texto.

Ella escribe “…yo digo que las prácticas de crianza son aprendizajes necesarios para procurar un desarrollo integral y saludable de niñas, niños y adolescentes…”.

Con esta afirmación ella aporta a la definición de las prácticas de crianza los conceptos integral y saludable. De acuerdo con ella podemos afirmar que se enriquece la definición, ya que hay prácticas de crianza que no contribuyen al desarrollo infantil, que no son integrales ni son saludables.

Si retomamos el juego “Yo digo… tú dices” de la colaboración anterior, ahora,

Si ella y yo decimos

LAS PRÁCTICAS DE CRIANZA SON ACCIONES PARA PARTICIPAR, CUIDAR Y CONTRIBUIR AL DESARROLLO INFANTIL DE MANERA INTEGRAL Y SALUDABLE EN SUS DIFERENTES ETAPAS Y ÁREAS DE DESAROLLO

Ustedes dicen….

Participen en los comentarios.

Continúa la lectora: “…insistiré en que es algo por aprenderse porque de antemano no siempre sabemos qué hacer en cada etapa de desarrollo”, y área de desarrollo, agrego yo. En próximas colaboraciones abordaré estos dos temas. Sin embargo conviene adelantar que desde el nacimiento y más allá de la ayuda y con la ayuda que puedan recibir, la mayoría de las madres van a aprende, a satisfacer las necesidades y a comunicarse con su hijo o hija que se expresa por medio de un lenguaje no verbal, en la mayoría de las ocasiones a través de llantos que la madre aprende a diferenciar. Pregunta, ¿qué interrumpe ese mutuo conocimiento? ¿Tendrá que ver la aparición del lenguaje verbal? ¿Qué opinas?  

“Recuerdo que de pequeñas” continúa nuestra lectora “cuando mi mamá nos llevaba al mercado, a mi hermana y a mí nos decía: quédense ahí sentadas un momento en lo que compro el jitomate, ambas asentíamos con la cabeza…”

Así me las imagino yo, con la ayuda de la IA

“…pero acto seguido cuando mi mamá se volteaba, yo efectivamente me sentaba mientras me inventaba algún juego mental durante la espera, ejemplo, observar el color de los zapatos de la gente que pasaba por ahí; ver si por el piso pasaba algún camino de hormigas; cantar la de un elefante se columpiaba, hasta que mi mamá se desocupara, pero mi hermana no, ella se echaba a correr, se escondía, iba a coger jitomates de otros puestos para comérselos, siempre encontraba otros niños que como ella andaban deambulando por el mercado y terminaba haciendo amigos…”

Desconozco la edad tuya y de tu hermana, pero me las imagino a partir de la anécdota que nos compartes. Conocer la edad cronológica permite comprender la normalidad de una conducta esperable, que no deseable, la capacidad, o no, de seguir instrucciones y cumplir reglas y en qué contextos, de lo contrario se corre el riesgo, entre otros errores, de la patologización y la victimización de niñas, niños y adolescentes desobedientes por parte de las personas cuidadoras. Al inicio menciono una edad cronológica porque existe también una edad en desarrollo, tema que será parte de otra colaboración.

Lo narrado hasta aquí, deja en evidencia las diferentes necesidades de niños, niñas y adolescentes con la de las personas adultas responsables de ellas y ellos. El primer paso para la solución de estas contradicciones es reconocer la diversidad y divergencia de necesidades.

La diversidad

¿RECONOCES A LA DIVERSIDAD COMO UNO DE LOS PILARES PARA LA CONSTRUCCIÓN DE PRÁCTICAS DE CRIANZA INTEGRALES Y SALUDABLES?

La mamá hace una exigencia a las niñas para ella poder satisfacer su necesidad de realizar las compras, necesidad que no es la de ellas. Ellas responden como pueden: una, al parecer tiene más recursos que le permiten seguir la instrucción y al mismo tiempo se apoya a sí misma realizando juegos mentales, y la otra se aleja mientras hace nuevos amigos, mientras juega, mientras roba jitomates... 

Luego, “Cuando mi mamá había hecho su compra, desquiciada buscaba a grito pelado a mi hermana jaloneándome mientras la buscaba, cuando la encontraba le daba algún jalón de orejas que ella esquivaba para luego gritonearnos a las dos, esa historia se repetía siempre…”

La historia se repetía siempre, escribes, y me imagino un mercado relajado, seguro, donde la mamá sabe, como siempre, que una de sus hijas la desobedecerá, se alejará y aun así, las deja. No ocurre en el mercado lo que podría suceder en un supermercado que sin “dejarlos” en algún lugar, con mayor frecuencia niños y niñas preescolares y de menor edad expresan su inconformidad con espléndidos berrinches. Tema de otra colaboración que publicaremos en Pensar en Voz Alta: El berrinche (sano…) Porque también hay del otro. Y recientemente me han propuesto incluir: el berrinche no expresado.

Así que en tu historia se reafirma lo que en la colaboración afirmamos: las emociones están siempre presentes, pueden pasar inadvertidas, inexpresadas, o como en este caso, con el desquiciamiento materno aderezado con gritos indiscriminados y jalones de orejas, también, indiscriminados.

“Esta historia se repetía siempre que salíamos al mercado y mi hermana, más o menos obedecía si mi mamá le compraba alguna chuchería”.

PREMIO Y CASTIGO

 ¿SON EFECTIVOS?

 

¿Qué diálogos te imaginas sugeridos por estos dibujos hechos con IA?

 

La práctica ignora que con la compra de alguna chuchería estimula y refuerza una conducta deseable para la madre, sin embargo, deja en evidencia que está enseñando a la niña a NO aprender a responsabilizarse si no es a cambio de alguna chuchería. Es decir, prácticas de crianza sustentadas en premios y castigos. Estas conductas si no se modifican conducirán a conductas adultas dependientes, físicas y emocionales. Es más difícil trabajar reglas y consecuencias (donde cada edad exige formas diferentes), comparado con la “practicidad” y la “facilidad” de un premio (alguna chuchería) o castigo (chancleteadas, jalones de orejas)  que; sin embargo, tendrán consecuencias presentes y futuras, generalmente desagradables.

“Así que mi crianza, en esos casos estaba sujeta al comportamiento de mi hermana, si desobedecía, nos chancleteaban a las dos y si le compraban algo para que obedeciera, me beneficiaba porque a mí también me compraban una chuchería”.

"Democráticamente", reciben parejo chucherías y jalones de oreja. Quedan en evidencia tanto la incapacidad de discernimiento como el NO reconocimiento de la diversidad que, como quedó dicho, es un concepto fundamental para unas prácticas de crianza saludables.

“En fin, ahora de adulta, pienso que era una chinga para mi mamá tener que ir al mercado sola llevándonos a las dos, que teníamos comportamientos e inquietudes bien distintas”

Sería interesante conocer como siendo hija de la injusticia llegas a la comprensión y quizá empatía y solidaridad con mamá.

“En su lugar, hubiera aplicado la de llevar correas ja ja ja ja, no, bueno, si me pongo creativa hubiera involucrado a mis hijas en la compra de mandado, les hubiera dicho “haber, sostengan la bolsa, en lo que yo echo el jitomate, a ver tú ve y paga y que te den el cambio” capaz así las cosas, las mantenía entretenidas sin que se me escaparan”

Es tan sorprendente como frecuente que la primera respuesta sea la represión: llevar correas. Pero te resignas, diviertes y das paso y vuelo a tu creatividad. Y das en el clavo. ¿Qué hago?, te preguntas. Lo que tú harías: que tú y tu hermana participaran.

-  Algo que la niñez hace siempre con placer es participar. Pero hay un mundo adultocéntrico que no se lo permite, porque las niñas y los niños se pueden caer, se pueden cortar, se pueden lastimar, no son rápidos, se tardan, no se pueden vestir solos, no combinan bien, no saben escoger, se distraen, son torpes, comentan, preguntan mucho… ¡Y en tu historia, en el contexto de un mercado mexicano, cuántos atractivos/distractores se pueden encontrar!  

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   De manera natural los niños y las niñas experimentan, exploran el mundo que les rodea (si se les permite), y construyen y representan a través del juego en general y del jugo simbólico, en particular, lo hacen “como sí…”

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-  Como tú lo propones, al participar aprenden a apoyar, ayudar, a compartir e involucrarse: abres la bolsa mientras yo… Le pagas a alguien mientras recibes (y cuentas) el cambio… Participan…

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Por último, llamas a estas actividades “entretenimiento”. ¿Será? ¿No hay más? ¿O se será que el aprendizaje está tan devaluado que es impensable que sea  colectivo y placentero? ¿Será que a la niñez la entretenemos? ¿La integramos o marginamos?

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Muchos temas emergentes de tu comentario los iremos desarrollando en próximas colaboraciones en Pensar en Voz Alta.

Te agradecemos a ti y pido a todas las personas a que participen, escriban sus comentarios, que colaboren para enriquecer la experiencia y el diálogo. 


Hasta la próxima.

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martes, 21 de abril de 2026

PRACTICAS DE CRIANZA. La saga I Puntos de partida



 Escrito por Enrique Arrúa

“Si yo digo…Tú dices…”

Quiero proponerte un juego. Consiste en que "si yo digo…", ya sea afirmación o aseveración sobre una idea, tú también lo haces desde tu punto de vista, por ejemplo, "si yo digo… tú dices…"

Comencemos: Si yo digo: las prácticas de crianza son acciones para participar, cuidar y contribuir al desarrollo infantil en sus diferentes etapas y áreas de desarrollo, tú dices…  

Si yo digo: esas acciones van siempre acompañadas por los sentimientos, estados y respuestas emocionales de todas las personas involucradas en la crianza, tú dices…

 Y cuál puede ser tu aseveración si la mía es: Las acciones dirigidas a las niñas, niños y adolescentes para asegurar su cuidado y protección física y emocional, son siempre responsabilidad de personas adultas: madres, padres y personas e instituciones cuidadoras.

Por último, si yo digo: lo señalado anteriormente son puntos de partida para reflexionar sobre las prácticas de crianza, tú dices…  

Por qué prácticas de crianza

Desde el nacimiento los temas sobre las prácticas de crianza se multiplican y ramifican y extienden como ramas de un gran árbol regado por un río de emociones que fluyen intensa e incesantemente.  

Desde el parto, el tipo de parto. La recuperación física y emocional de un parto natural. La recuperación física y emocional de una cesárea. La incidencia del parto para el amamantamiento. La lactancia materna y/o la alimentación industrial. La alimentación estructurada o la libre demanda…

Las respuestas son múltiples y diferenciadas. Por lo mismo, no existe una práctica de crianza sino prácticas de crianza, porque las mismas están condicionadas por la diversidad, diversidad de personas, culturas, geografías, sociedades, historia, economía, salud, familias y contextos alrededor de un eje vital, la diada madre-hija o madre-hijo.

Considerar las expectativas

Existe mucha historia previa a un nacimiento, la historia de un embarazo, por ejemplo, y aún antes. Cada niña y cada niño lleva sobre sí y desde antes de nacer las expectativas de su época, su contexto social, cultural y familiar. 

 Si yo digo: otro punto de partida para comenzar a reflexionar sobre las prácticas de crianza es identificar las expectativas que se crean sobre niñas, niños -aún antes de nacer- tú dices…

Puedes compartirnos tus inquietudes, tus puntos de vista y tus intereses para orientar nuestras siguientes colaboraciones. Y próximamente, también, en edición digital, Arruja’s podcast.

Hasta la próxima