miércoles, 26 de abril de 2023

EL CIELO DE LOS PERROS Y LOS GATOS

Escrito por: Antonio Hernández Ramírez 

Como de costumbre, andaba limpiando la casa y me encontré un pelo de Querubín, quien fuera un amigo perruno muy entrañable que llegó a la casa muy pequeño en busca de refugio, trayendo consigo gran alegría a mi vida. He de reconocer que una buena parte de mi felicidad se la debo a él y a Natasha, otra perruchita quien también llegó a refugiarse; lamentablemente, ambos murieron siendo muy jóvenes; así que por mucho tiempo y aún ahora sigo extrañándolos. 

Bueno, les contaba que ese día encontré un pelo del Querubín, vi detenidamente el pelo y fue como abrazarlo a él. De inmediato, me llegaron muchos recuerdos muy bonitos que vivimos juntos, todo el día lo anduve añorando, hasta que por la noche me repuse de su recuerdo y me fui a dormir. 

Soñaba que era de noche, mientras estaba acostado, un fuerte dolor me oprimía el pecho, era tan fuerte que me hacía levantarme de la cama; al hacerlo veía que en la entrada de la habitación estaban Querubín y Natasha junto con una infinidad de perros y gatos esperándome en el umbral de la puerta; yo que hasta ese momento estaba muerto de miedo por el dolor y experimentando una gran angustia, al verlos, me empecé a tranquilizar y al observarlos con más detenimiento me di cuenta que todos aquellos perros y gatos eran de alguna u otra manera peluditos conocidos; entre ellos estaba: Luli, Nachi, Frida Sofía, Ana María, Negrito, Homero, Eliot, Yoko, Wendy, eran muchos bichos. 

Cuando me acerqué a ellos, me empezaron a dirigir a un lugar en donde había muy pocos seres humanos; era una jungla hermosa e inmensa en la que había muchos animales de todas las especies, pero quieres dirigían el lugar eran los perros y los gatos. Mientras seguía a la manada de perros y gatos que me habían llevado hasta ahí, empezaron a surgirme muchas preguntas. Me pregunta si ya estaba muerto; si ese lugar era una especie de cielo, si me reencontraría ahí con todos mis seres queridos… 

Durante el recorrido, encontré a algunas pocas personas que ahí habitaban; éstas, me contaron todo sobre ese sitio: este lugar es un cielo de perros y gatos, aquí elijen estar las personas, que en vida, fueron amigos de los animales, en este lugar habitan seres libres, es un lugar donde no existe el hambre, ni la enfermedad; no hay miseria ni frío; no se siente ni tristeza, ni angustia, nadie es ambicioso, ni celoso… a pesar de la interesante descripción, no pude evitar preguntarme qué pasaba con los humanos amistosos con los animales que decidían no estar en ese cielo ideal; supuse que estarían en otro cielo; lo cual me generó un dilema. No sabía qué hacer, por una parte, quería estar para siempre ahí rodeado de todos mis animalitos queridos, pero a la vez quería estar con mis seres queridos humanos ¿qué acaso no habría manera de transitar por ambos cielos? 

Mientras seguía recorriendo el lugar, me percaté de que ahí no se necesitaba hablar, que eso que uno pensaba era comprendido por los animalitos que ahí habitaban, de tal suerte que más me tardé en pensar en mis seres queridos humanos cuando vi a Querubín llegar con mi padre, mientras que Natasha llegó con uno de mis abuelos...y así, de repente, todos mis seres queridos llegaron a reunirse conmigo en ese lugar. Mi padre era el que más lamentaba haber tratado mal a los animales porque según me dijo con la mirada, Querubín era quien iba y lo buscaba al lugar horrendo donde se encontraba para llevarlo a ratos a reencontrarse con sus seres queridos. 

Entendí entonces que, en el cielo de perros y gatos, no hay imposibles; eso sí, todas esas personas, solo tenían permitido estar por un breve momento ahí, porque en vida, ellos no habían sido nada amigables con los animales, pero aún con todo eso los animales no son rencorosos por lo que todos pudieron llegar a visitarme ahí. Al cabo de un rato, toda mi familia se despidió, he de reconocer que tuve el impulso de seguirlos, pero, al final, me quedé ahí y los animales estaban felices con mí presencia, así que elegí que era ahí donde quería estar. 

En el cielo de los perros y gatos, no es necesario extrañar a nadie, todo es más fácil pues ellos te pueden llevar a dónde quiera que esté tu ser querido, así sea el mismísimo infierno cosa que los humanos por sus limitaciones (ego, envidia, avaricia, complejo de superioridad, etc.) no pueden hacer. Con ello, descubrí que, si vas al cielo de los humanos, desde ahí, no puedes visitar ni el purgatorio, ni el infierno ni ninguno de esos lugares a los que están destinado los humanos, excepto, si recibes ayuda de perritos y gatitos. Además, en ese cielo de perros y gatos, todo es amor, ahí no se pasa por infiernos, ni por limbos, ni purgatorios, ahí no hay sentimientos negativos; ni tristeza, ni dolor. 

Justo empezaba a sentirme cómodo en ese lugar cuando una voz me dijo que aún no era mi tiempo, que, aunque ya había elegido, aún me quedaba tiempo en el mundo; en ese instante desperté, sintiendo aquel dolor en el pecho; sin embargo, me sentía feliz, me senté en la orilla de la cama, era aun de madrugada. Mi primer impulso fue voltear a ver a Leonora y a Bim Bim, mis actuales peluditos; ahí estaban, pero me faltaba un perro blanco, lo busqué y empecé a angustiarme por su ausencia, entonces me detuve, respire profundo, me tranquilice y puse en claro mis pensamientos; me di cuenta de que ya no tenía ningún perro blanco en este plano, me volví a dormir y por la mañana cuando desperté algo había cambiado en mí. 

Estaba muy feliz de haber elegido ese cielo de perros y gatos, sabía que, desde ahora, ya había un lugar en ese cielo para mí.