martes, 23 de marzo de 2021

RESILIENCIA: Palabra horrible de esperanzador significado


Escrito por: Azalea Marrufo

La palabra resiliencia me parece una palabra bastante feita, difícil de pronunciar y que por sí misma no remite a ninguna imagen o idea concreta; necesariamente, hay que ir al diccionario y, aun así, no resulta fácilmente comprensible; sin embargo, aparece adjetivándolo todo: “materiales resilientes, ecosistemas resilientes, ciudades resilientes, personas resilientes, familias resilientes, mujeres resilientes, niños resilientes…”

Su etimología dice que procede del vocablo latino resilio que significa rebotar, volver, de un salto, al estado inicial. Originariamente fue usada por la Física para referirse a la capacidad que poseen determinados materiales -ej. banda elástica- para guardar memoria de un estado anterior, al que volverán, luego de una presión externa que no conlleva su ruptura.[1]

He de confesar que esas palabras provenientes de las llamadas ciencias exactas, que luego son usadas para nombrar cosas en el terreno de las ciencias sociales, me generan cierta desconfianza porque las personas no se comportan como los materiales inorgánicos frente a las presiones externas; pero bueno, sigamos el recorrido para descubrir cómo es que esa palabra llegó a las ciencias sociales y terminó haciéndose tan popular en éstas.

En la década de los 70, en el campo de la psiquiatría y la psicología, se dio un bum en la investigación clínica sobre las ciencias del comportamiento. Éstas giraban en torno a la población infantil con alto riesgo de desarrollar psicopatologías. Una de las primeras y más importantes investigaciones en este sentido fue la que llevó a cabo el psicólogo Norman Garmezy en 1974, centrada en torno a población infantil con madres esquizofrénicas. Encontró un subgrupo de niñas y niños que mostraba patrones adaptativos sorprendentemente saludables.  Al contrario que otros colegas de la época que simplemente ignoraban la muestra que no presentaba problemas, ya que su propósito era estudiar el desarrollo de las psicopatologías, Garmezy quiso indagar en estos casos que se salían de la norma esperada y en los motivos por los que, en estos infantes, se daba un desarrollo, digamos, positivo y empezó a nombrarlos como invulnerables.[2]

Otra importante y determinante investigación en el ámbito de la psicología, fue un estudio longitudinal llevado a cabo por las psicólogas Emmy Werner y Ruth Smith, el cual inició en la década de los cincuenta, con una muestra de 698 niñas y niños nacidos y desarrollados en situaciones desfavorables en Kaoui, una isla de Hawai. Estas autoras realizaron un seguimiento desde el nacimiento hasta los treinta y dos años de edad de esta muestra, interesándose en aquellas niñas y niños que, teóricamente, estaban “condenados al fracaso” por la multitud de factores prenatales, perinatales, postnatales de vulnerabilidad que les caracterizaban (ej. hijas e hijos de madres solteras adolescentes, personas pertenecientes a grupos étnicos minoritarios, ubicados; además, en los estratos más pobres de la sociedad o con problemas de salud al nacer). Sin embargo, sorprendentemente, el 30% de estos sujetos crecieron sanos mental y físicamente, se mostraban activos, autónomos, competentes, amables, empáticos, con confianza y proyectos de vida. Empezaron a llamar a estos sujetos resilientes y a indagar cómo habían revertido las situaciones desventajosas a las que se enfrentaban. Uno de los hallazgos de esta investigación es que todos los sujetos resilientes tenían por lo menos una persona adulta, no necesariamente padre o madre o con parentesco, que los había aceptado y valorado. De ahí que subrayaran la importancia de tener un buen apoyo social en la infancia como factor indispensable para poder lidiar de manera efectiva con la adversidad;[3] sin que eso signifique que es un factor determinante o el único factor que influye.

A partir de estos primeros estudios, puede empezar a dilucidarse que este término, supuso un cambio de paradigma frente a la tradición positivista, determinista, estática y lineal de las disciplinas de la salud mental; desde las cuales, todo lo que sale de la norma es patológico y la enfermedad mental parece un destino ineludible; ya estos estudios muestran que no es así y la clave para descubrirlo fue atreverse a mirar más allá de la norma.

Pero, entonces, en el terreno de las ciencias sociales qué es la resiliencia ¿es una cualidad personal, se trae en los genes, depende de factores externos, se aprende, se enseña, es un proceso? Es difícil dar una respuesta concluyente y es larga de contar la historia de la resiliencia en unas cuantas líneas, porque, con el tiempo, se ha desarrollado una gran diversidad de corrientes teóricas al respecto; así que sólo enunciaré dos aportaciones que me parecen relevantes.

La psicóloga norteamericana Edith Grotberg (1998); concluyó que la resiliencia es “una capacidad universal que permite a una persona, un grupo o una comunidad impedir, disminuir o superar los efectos nocivos de la adversidad”, esto, en contraposición a las definiciones que le precedieron y que sostenían que la resiliencia era propia de personas excepcionales, con características biológicas o psicológicas específicas.

Por su parte, autoras y autores latinoamericanos, le dan un giro comunitario y psicosocial al término visibilizándolo como un proceso trasformador de personas y colectivos quienes a su vez transforman su entorno –social, político, económico, ecológico-; ya que es en éste donde intencionalmente se generan los eventos adversos o traumáticos –ej. violencias y/o violaciones a los derechos humanos- que mantienen constantes desequilibrios de poder entre personas y grupos. Además, este enfoque comunitario señala que la experiencia de superar en conjunto, las dificultades propias de un desastre o un trauma psicosocial, puede contribuir a reforzar o desarrollar, nuevos y más amplios vínculos sociales entre las personas y colectivos involucrados, lo cual contribuirá a fortalecer el tejido social, vital para generar cambios sociales.[4]

Luego de esta breve indagación, no sé ustedes, pero a mí ya empezó a quedarme más claro su significado y no sólo eso; ahora, considero muy afortunada su migración al terreno de las ciencias sociales porque pone en entredicho lo “normal”, lo “natural” que en realidad es una construcción social (ej. el individualismo); reivindica la vida, la existencia, el devenir histórico como algo complejo y dinámico; el carácter activo, protagónico y colectivo de las personas como sujetos de cambio que ante la adversidad pueden llegar a romperse, a quebrarse, pero que tienen la capacidad de volver a reunir sus partes, no para volver a ser iguales que antes; sino para construir nuevas versiones de sí mismos y de su realidad. La resiliencia, entonces, nos ha llegado como una respuesta dialéctica ante la adversidad que deja de ser tragedia o destino y se convierte en desafío.



[1] Iraurgi, C. I. (2012). Aproximación al concepto y Adaptación psicométrica de la escala RESI-M. Bilbao: BiskaiLab. Disponible en: http://www.bizkailab.deusto.es/wp-content/uploads/2013/06/1.pdf

[2]Gil, H.G.E. (2010). Los procesos holísticos de resiliencia en el desarrollo e identidades autorreferenciadas en lesbianas, gays y bisexuales. Tesis doctoral. Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Departamento de Educación. pp. 13 Disponible en: http://acceda.ulpgc.es/bitstream/10553/4498/7/Tesis_Resiliencia_LGB_Parte_I.pdf

[3] Ídem pp. 18-19

[4] Uriarte, Arciniega Juan de Dios (2003). La perspectiva comunitaria de la resiliencia. Psicología Política, Nº 47, 2013, 7-18. Universidad del País Vasco.

11 comentarios:

  1. Me genera suspicacias y reticencias el término "resiliencia" ya que, además de impronunciable, hay una suerte de "sentido común" que lo limita a una connotación de "aguántate y échale ganitas". Pero con la genealogía del concepto que acá desarrollas, me parece que se destaca su potencial no sólo para "superar situaciones de adversidad", sino para incidir en la transformación de las causas estructurales de esa adversidad. Menudo desafío el de resemantizar, para dotar de nuevos contenidos simbólicos y nuevas prácticas concretas este tipo de conceptos.

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    1. Tienes toda la razón, el término está tan manoseado que terminó vaciado de su significado social y transformador; así que habrá que reivindicarlo, pero claro, sin desgarrarse las vestiduras que hay otros términos que bien pueden acompañarle o sustituirle, incluso, y que hay que colocar una y otra vez en la mesa como: agencia, resistencia social o revolución. Gracias por leer y comentar.

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  2. Muy interesante este tema. Si, este término me generaba cierta confusión, pero lo explicas muy bien, y creo que me da claridad para entenderlo como esa capacidad individual y social de transformación de determinadas circunstancias.

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    1. Así es Reme ay!!! qué alegría y qué honor que me leas y tener un comentario tuyo, muchas gracias!!!! abrazo!!!

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  3. Muy interesante este tema. Si, este término me generaba cierta confusión, pero lo explicas muy bien, y creo que me da claridad para entenderlo como esa capacidad individual y social de transformación de determinadas circunstancias.

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  4. Mi querida Lea, yo nunca había podido pronunciar esta palabra, porque me cansaba antes de comenzar a decirla, porque muchas veces me parecía un descaro decirle al mundo que no cuenta que fuera resiliente, me hiciste girar con tu artículo, de alguna manera lo encuentro ahora mas cercano y es una palabra que tenía que existir en la humanidad para poder nombrar una palabra que nombre un sentimiento que duele pero que hace nacer y tener esperanza. Me gusta mucho leerte querida.

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    1. Tienes toda la razón, la palabra en si misma es fea e impronunciable, pero cuando se adentra una en su historia es que nos hace sentido y vale la pena rescatarla. Abrazo fuerte y yo igual disfruto mucho leerte.

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  5. La idea de pensar en la resiliencia como posibilidad de contrucción de nuevas versiones de una misma y su realidad me parece super importante para las ciencias sociales, en especial para cuestionar todo determinismo social. Me gustó mucho la explicación que haces de este concepto. Abrazos

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    1. Recién veo tu comentario, qué grata sorpresa verte por aquí y si, claro, el término confronta el determinismo social. Abrazo fuerte querida Mariana.

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  6. Descubro con agrado que no soy la única a la que el termino le parece feo y me he resistido a usarlo, aunque a lo que hace referencia sea una cualidad maravillosa y fundamental. Tras la lectura del artículo, me comienzo a reconciliar con el término y ya no lo encuentro tan feo. Aunque sigo pensando que el nombrecito no le hace justicia a tremendo concepto.

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    1. De acuerdo querida Claudia, el término es cero atractivo y si da resistencia usarlo aun sabiendo el significado que entraña, aunque este pensamiento en voz alta intenta reivindicarlo, confieso que siempre pienso ¿y si buscamos otro nombre para eso? jajajajaja, abrazo!!! y muchas gracias por asomarte al blog a leer y comentar, a ver cuándo escribes algo, estás súper invitada!!!!

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