domingo, 4 de diciembre de 2022

Sobre la muerte y sus posibilidades.

 

Sólo la enfermedad nos ancla en el presente, en la intensidad del “aquí y el ahora”, en el dolor que separa sentimiento y razón. El padecimiento físico se convierte en lucidez existencial. Sólo a través de la enfermedad nos desconocemos.

Emil Cioran

 

La única certeza que tenemos al nacer es la promesa de la muerte, a pesar de ello nos negamos a pensarlo, no existe la cultura de prevención o de la planificación para cuando ese momento llega, a pesar de ser un país que presume de burlarse de la muerte cada mes de noviembre.

Nos aterra pensarnos, fríos e impávidos, pero más nos aterra pensar en la partida de nuestros seres queridos, más nos valdría preocuparnos por el proceso que nos llevará a la muerte. Somos un cúmulo de huesos, músculos y dolencias que pueden colapsar en cualquier momento de nuestra existencia.

Nunca estaremos preparados para ver nuestro organismo disminuido, sentir que ya no somos, nos enfrentamos a una serie de cambios y limitaciones que en algunos casos nos hacen desear la muerte.

Un sentimiento egoísta pero reparador, no queremos lidiar con la incertidumbre del futuro. Hace más de un año me volví parte de la estadística en México que lleva cuenta de 170 mil infartos cerebrales, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), es considerada la segunda causa global de muerte en el mundo.

         Mi infarto no fue catalogado como grave, poco más de un año he superado las peores secuelas, aún no me siento la misma, pero una parte de mi lo agradece, mi percepción de la vida, de la inmediatez, de mis afectos ha cambiado abismalmente.

         Al igual que André, el personaje de la última película de uno de mis directores favoritos, Francois Ozon, Tout s´est bien passé (Francia, 2021), morir es lo de menos, el miedo se desvanece, prefieres morir antes de convertirte en un bulto, una carga, un ente venido a menos, que no es capaz de hacer las cosas más cotidianas de la vida.

         Dentro de sus posibilidades el personaje tiene el privilegio de morir a su modo, pocos mortales tendremos los recursos para elegir, cómo y cuándo, él lo deja claro, “pobrecitos los que tienen que esperar para morir”.

         La muerte asistida aún tiene muchos recovecos legales, que decir de los temas éticos y religiosos. Como bien dice André, es mi decisión, lamentablemente se puede hablar de menos de 10 países en todo el mundo en donde se permite. Un suicidio asistido puede acarrear penas económicas y la cárcel. Tampoco es un procedimiento barato, en Suiza alcanza un coste de 10,000 euros, pero, ¿Qué conlleva ese tipo de decisión?

         Para personas que hemos estado en situaciones límites, sin lastres religiosos, simplemente significa un camino, el cierre perfecto para una vida plena o tal vez no lo fue, pero fue una vida.

         En México se han conseguido ciertos logros, hay la posibilidad de llenar el Formato de Voluntad Anticipada ante el personal de salud, firmando ante dos testigos con un representante que se encarga de seguir las indicaciones según corresponda.[1]

         Pero tiene sus limitantes, la voluntad anticipada puede ser entendida como, “la decisión que toma una persona de ser sometida o no a medios, tratamientos o procedimientos médicos que pretendan prolongar su vida cuando se encuentre en etapa terminal y, por razones médicas, sea imposible mantenerla de forma natural, protegiendo en todo momento la dignidad de la persona” (Art. 1 de la Ley de Voluntad Anticipada para el Distrito Federal) “.    

        Es decir, el cuerpo no será reanimado, pero no tienes la posibilidad de optar por un suicidio asistido para terminar tus días con dignidad.

Más allá de consumar la muerte, también hay que decidir qué hacer con el cuerpo, lo que implica otro tramite, puedes optar por ser donante de órganos y facilitar la vida de otros seres humanos, si es que a pesar de tus dolencias algunos órganos son viables, otra opción es donar tu cuerpo en el Programa de Donación de Cuerpos de la UNAM, esto con fines médicos y enseñanza[2]. La segunda opción puede ser un cierre conflictivo para la familia, por ello hay que realizar un trámite, entregando la documentación que avala la decisión.

         Morir implica más de una posibilidad, si queremos al menos acariciar un fin acorde a nuestros deseos es momento de detenernos un segundo, por muy chocante que resulte la idea, planear que será de nosotros, tal vez no tengamos la posibilidad de decidir cómo morir, pero tenemos la opción de elegir que será del cuerpo que nos permitió reír, amar, follar, llorar y disfrutar con cada una de las personas importantes de nuestra vida. 

¡Salud por la vida, deseando que todos acabemos con una copa de vino en la mano!



[1]https://www.gob.mx/inapam/articulos/ley-de-voluntad-anticipada-el-derecho-a-una-muerte-digna

[2] http://www.pdc.unam.mx/

No hay comentarios.:

Publicar un comentario